Jordi Evole o la Guerra de los Mundos en 'versión española'
En España –y casi en el resto del mundo- somos mucho de
filias y fobias. En los pueblos, por ejemplo, la enemistad de familias como la de los
mojones y la de los bodigos –capuletos y montescos, en versión rural- suelen ser ancestrales
y, en realidad, nadie sabe por qué. Puede que a unos les tocara la lotería y a
otros no, o simplemente que las ovejas del Eustaquio se hubieran comido los
hierbajos de la tierra del Agapito sin consultarle. ¡Craso error y odio perpetuo
al invasor!. Pero este asunto de las filias y fobias; y de creer y no creer. tiene
también relación ‘con la pinta’ y, más modernamente, con la llegada de la
televisión e internet. Dicen que a Suárez –don Adolfo, príncipe de la
democracia en España- lo votaban muchas señoras porque era guapo y que lo mismo
ocurrió con Felipe González (suerte, para Rajoy, que no tuviera responsabilidades
de Gobierno en la época límidemocrática previa al 23 F, que si no)…
El primer asunto tiene que ver con el presentador: Jordi
Évole, ya que es importante saber que las valoraciones de los televidentes no
son iguales si el personaje les cae bien o mal. Pero desde la imparcialidad que marca no
haber visto el programa del 23 F emitido hace unos días por la Sexta; de estar
inmerso en el mundo de la comunicación desde hace..., y de estudiar los comportamientos humanos y
sociales que se derivan de los programas de tv, y de conocer a pinceladas su famoso ‘Salvados’,
he de decir que la ‘farsa’ montada por Evole y la productora El Terrat –y que al
parecer se grabó en verano pasado- tiene tintes de oportunismo, autobombo y
autopublicidad muy inteligentes.
Y de filias y fobias, y creer o no creer es de los que os
quiero hablar teniendo como base el documental supuestamente satírico que hizo
Jordi Evole sobre el golpe de Estado del 23 F y que está dando vueltas y
vueltas en los mentideros periodísticos, y en los otros.

Si había alguien que no conocía a Évole, ya lo conocen.
En segundo lugar, lo que ha hecho Evole no es nuevo. Aparte
de otros reportajes más modernos como uno realizado en Bélgica y tenía que ver
con la secesión –que dejó marcas en la sociedad- el maestro que influyó en la
sociedad creando un escenario falso (aparte de Peter Hyams en la película
Capricornio 1 con la fallida llegada del hombre a la Luna, que luego reprodujo
un reportaje en el que intervino hasta Nixon) fue Orson Welles en su famosa
Guerra de los Mundos.
En aquélla ocasión, Welles aterrorizó a la población norteamericana
–alguno incluso tomaron sus pertenencias y salieron a la calle- simulando un
ataque alienígena sobre la tierra. El caldo de cultivo que lo propició fue una
constante y previa presencia en los medios de comunicación de los
marcianos que fue aprovechado por
el genial Welles para montar una ficción tan real que lanzó américa a la calle.
Eso sí, lo hizo con la voz y a través de la radio.
Por eso, la farsa montada por Evole y sus colaboradores no
parece un ejercicio de comunicación tan genial por distintas razones.
1.- Era fácil montar algo a partir del 23 F, porque como
ocurría con los marcianos en la época de Orson Welles, el 23 F es un tema que
se presta a las especulaciones. Un tema
muy sensible para parte de la población, ya que estuvo a punto de costarnos la
democracia (el menos malo de los sistemas político por mucho que, a veces, despotriquemos de él)
2.- También es mucho más fácil que la gente creyera lo que
estaba viendo porque la televisión es el plato de comunicación más potente que
existe. En Internet aún tienes que hacer algo para interaccionar, mientras que la tele es un medio totalmente pasivo:
te sientas ante ella y te 'comes' los mensajes que quieren, y sin rechistar.
3.- Que Jordi Évole hasta emitirse lo del 23 F siempre ha
hecho programas denuncia en Salvados, donde ha tocado temas polémicos, con lo que su fama ante la ‘audiencia’ tiene que ver con
el periodismo incisivo, de denuncia..y acaso de investigación.
4.- Que la sexta estuvo anunciando el reportaje durante
muchos días previos a la emisión, lo que incluyó un nuevo elemento de engaño a
los televidentes para creer en lo que querían creer.
5.- Que, a diferencia de Wells, se hizo en un medio visual y
con testimonios de personajes que estuvieron o vivieron los hechos (por edad),
lo que aumentaba la credibilidad del desatino. Otra cosa
es que hubieran sido entrevistados Paquirrín, Belen Esteban, Colate o
Enrique Iglesias, por poner cuatro ejemplos. Entonces sí que
el experimento Évole hubiera tenido muchísimo mérito.
6.- Que admitiendo que muchas de las cosas que salen en televisión,
incluidos los telediarios, como dice Jordi Evole, están manipuladas (es uno de los males de nuestros días que
tienen que ver con intereses económicos, políticos y la confusión entre
información, comunicación, propaganda, y demás que no vamos a analizar ) ,
no es menos cierto que lo que sale en el programa Salvados también sufre cierta
manipulación, ya que el presentador corta –durante el montaje- las opiniones o
respuestas que no le convienen o que chocarían con el objetivo del programa. Yo
conozco alguno de los entrevistados y sé que se Évole o quien sea que lo monte ha sesgado sus opiniones para
sustentar las teorías que manejaba en el guión del programa. Así que el que este libre de pecado, que tire la primera piedra.
Por
lo demás, perfecto, un juego es un juego. En
la tele vale casi todo y fue ocurrente e ingenioso pergeñar un programa
de ese
tipo. Debemos aprender a reírnos de nosotros mismos y Évole nos inviata a
hacerlo. Sin embargo, es probable que la emisión del programa pueda
tener un lado
malo, si, a partir de ahora, la ‘credibilidad’ de los programas de Jordi
Évole
cayera en entredicho y la audiencia comenzara a desconfiar de su
autenticidad (aunque es seguro que la inteligencia de Évole, que la
tiene, ya haya sopesado este riesgo).
Por último y para resumir este aluvión de ideas.
El programa emitido –por
el tema tenebroso y sensible que tocaba- estaba sujeto a la especulación de la
duda y no era raro que la gente lo creyese. Los personajes reales de la época y
la acción propia del medio televisivo, apuntalaban, además, esos visos de realidad.
Así que no era difícil montarse una peli en la cabeza y ver –ayudados por la
voz en off que comentaba cada nuevo dato- que era verdad. Reconozco una vez mas
que no vi el programa, como ya dije, pero si lo hubiera visto, seguro que yo
también habría ‘picado’. De hecho, el otro día en un restaurante, un supuesto
chef que jugaba a la cocina de autor logró engañarme: me puso una tortilla
quemada y destrozada a sartenazos y me dijo que era deconstruida…y yo no solo
le creí, sino que pagué la cuenta sin rechistar.
Este tipo no me gusta nada. No es santo de mi devoción, como se diría en "mi pueblo", es mi opinión, lo que si creo "es un oportunista". Ya quisiera parecer a Orson...!!
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